Tuesday, August 14, 2007

Ciudad Barrios 15 de Agosto de 1917

Monseñor Romero es bien conocido como mártir, arzobispo y cristiano, pero es muy importante recordarlo ante todo como un ser humano, que nació como todos nosotros un día en una parcelita de nuestro mundo. Para los que le sobrevivimos nos alegra y nos admira lo que en Monseñor puede dar de sí lo humano salvadoreño puede dar de sí. Así como a las imágenes de los santos, de las vírgenes y de los Cristos, es bueno quitarles de vez en cuando las coronas, para que no se queden en las nubes celestiales y para que estén con nosotros en esta tierra de lágrimas y esperanzas, así es bueno quitarle a Monseñor de vez en cuando la mitra, el báculo, la estola y la casulla para que se parezca más al salvadoreño normal y corriente, y, por cierto, más a un campesino o a alguien de clase media baja que a un potentado y oligarca. Monseñor Romero era de los que hubiese ido a Esquipulas a venerar al Cristo Negro, y no a Miami en las cercanías de Disneyland.

Pues bien, ese Monseñor, un tal Oscar Romero, nacido en Ciudad Barrios,de una mamá hacendosa y de un papá telegrafista, expresa esa vida que producen la inmensa mayoría de los salvadoreños, con penurias y problemas, también con trabajo y esperanza, y casi siempre -cuando no se la arrebatan quienes les engañan con el “sueño americano”- con dignidad.

Ese Oscar Romero llevó a plenitud la esperanza de la que desde hace siglos lleva en su seno la realidad salvadoreña. Su sueño no era en directo el llamado “progreso”, que se mide en números pero que no refleja cómo se miran a la cara unos a otros, y qué se dicen los seres humanos. Ni siquiera era en directo la llamada “democracia”, noble ideal, falsificado con mucha frecuencia y que, en cualquier caso, no pone en el centro de la sociedad al pobre, a la mujer que envejece en los mercados y al hombre que encallece sus manos con la cuma, sino a un “ciudadano”, de los que no se encuentran muchos en nuestros países.

Lo que Oscar Romero llevó a plenitud es el ideal por el que, sabiéndolo o sin saberlo, han vivido, trabajado, y muerto muchísimos salvadoreños: la verdad, la compasión, la fraternidad, también el gozo y la sonrisa. Y todo ello no sólo “pagando un alto precio”, como solemos decir a partir de la cruel experiencia de que a los buenos les va mal, si no con un gozo mayor que nadie se lo pudo quitar: “ Con este pueblo no cuesta ser buen pastor”. Palabras de un arzobispo, sí, pero ante todo palabras de un ser humano.

Este salvadoreño Oscar Romero explotó en humanidad como cristiano, y después como sacerdote y obispo. Y explotó en universalidad, haciendo de El Salvador un pueblo conocido porque conocida fue su humanidad. No es necesario explicarlo. Así lo han visto los mejores, los que también son y han sido humanos. Don Pedro Casaldáliga, que por báculo usa un remo y por mitra un sombrero de los campesinos de Araguaya, ha llamado a Oscar Romero “San Romero”, una especie de ecce homo, una especie de espejo en el que mirarnos. Nos viene a decir: “ahí tienen ustedes hermanas y hermanos latinoamericanos, asiáticos y africanos un ser humano cabal -y con irremediable cariño se lo dice también a los opulentos y deshumanizados del primer mundo. Por eso añade San Romero “de América”, de todos, buena noticia de Dios para todos y todas.

En la lejana África, en el martirizado pueblo congolés asesinaron también a un arzobispo, Cristopher Munzihirwa. Fue en 1996, y tanto les llegó al corazón la vida y muerte de ese obispo fuerte, negro y cristiano que ahora le llaman el “San Romero de África”. Todo lo humano converge, sea salvadoreño o congoleño. Pero converge en personas como Monseñor Romero.

Oscar Romero, humano y creatura, se puso ante Dios y nos enseñó a todos a ponernos ante Dios. También a Ignacio Ellacuría. Lo he dicho muchas veces. Ignacio Ellacuría fue colega de Zubiri y de Rahner, pero discípulo, sólo de Monseñor Romero. En él encontró la plenitud de lo humano y el misterio acogedor, aunque siempre inabarcable, de lo divino. Lo dijo en la UCA emocionadamente: “Con Monseñor Romero Dios pasó por El Salvador”.

Esto es lo que, en lo personal, pienso este 15 de agosto en el que vino a éste mundo nosotros Oscar Romero.
--JON SOBRINO--

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